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Vivir en la historia

La Corte en Madrid

El siglo XVI va a ser decisivo para la ciudad de Madrid, especialmente a partir de 1561, año en que Felipe II decide convertir a la Villa del Manzanares en sede de la Corte de la monarquía hispana, hecho que condicionará su fisonomía, su sociedad, su urbanismo, y en definitiva su historia.

Ya desde principios de la centuria se observa un progresivo florecimiento de nuevos establecimientos –sobre todo conventuales y hospitalarios- que acompañan al crecimiento de la ciudad y que se situarán en los espacios limítrofes del arrabal y en exterior de la ciudad. En este sentido, destaca el establecimiento extra muros de los conventos de San Jerónimo el Real y Nuestra Señora de Atocha.

En cuanto al primero, aunque había sido fundado por Enrique IV en 1464 junto al camino de El Pardo, va a ser en 1503 cuando bajo licencia de los Reyes Católicos se va a trasladar a Madrid, situándose en lo alto del Prado Viejo. Respecto al de Nuestra Señora de Atocha, de religiosos dominicos, fue fundado en 1523 por Fray García de Loaysa (inquisidor general) y Fray Juan Hurtado de Mendoza (confesor de Carlos V) en virtud de un breve de Adrián VI, situándose sobre una antigua ermita en donde -ya desde tiempo inmemorial- se daba culto a la Virgen de Atocha..

También va a ser de gran importancia la decisión que tomó Carlos I de reformar el Alcázar madrileño en 1536 para darle un aspecto más cortesano y palaciego. Así bajo la dirección de los maestros de obras Luis de Vega y Alonso Covarrubias se duplicó la superficie del edificio, levantándose entre otras dependencias un cuarto para la reina entorno a un segundo patio, y una nueva fachada rematada por las armas imperiales. Vemos, pues, que antes del establecimiento de la Corte la ciudad de Madrid fue adquiriendo una importancia creciente entre las otras ciudades del reino.

A esta tendencia habría que añadir la creación de nuevas instituciones, como por ejemplo, la capilla del Obispo junto a la parroquia de San Andrés (1520); el traslado en 1529 del Hospital de Corte o del Buen Suceso a la Puerta del Sol; o la fundación de los conventos de San Felipe el Real (1546), de las Descalzas Reales (1559), o del convento y hospital de Antón Martín (1552).

Pero va a ser a partir de 1561, año en que Felipe II se instala en Madrid, cuando empiecen a aflorar mayor número de instituciones y nuevos edificios, sobre todo de órdenes religiosas.

El siglo XVII empieza en Madrid con un periodo de incertidumbre y recesión motivado por el traslado de la Corte a Valladolid (1601-1606). Esta controvertida decisión, cuyo principal beneficiario fue el duque de Lerma, valido de Felipe III, provocó una crisis generalizada de gran envergadura que implicó, entre otras consecuencias, la salida de la ciudad de aproximadamente 50.000 a 60.000 personas.

En 1606, Felipe III y el duque de Lerma acuerdan que la Corte vuelva a trasladarse otra vez a Madrid. La razón, un donativo de 250.000 ducados que el Concejo de la ciudad tuvo que pagar al Rey y su valido.

Tras el retorno de la Corte, se inició un programa de construcciones públicas para equiparar el aspecto físico de la ciudad a la realidad de su papel político, un programa parejo a la progresiva intensidad que iban tomando las manifestaciones sociales y culturales del barroco. Es el Madrid de Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Velázquez, Alonso Cano y Rubens, una época de grandes actuaciones urbanas y de intensa actividad constructiva: Entre 1617 y 1619 se ordenó el espacio urbano de la plaza Mayor mediante la construcción de un recinto cerrado con fachada uniforme y regular. Este proyecto obra de Juan Gómez de Mora culminaba la transformación de la antigua plaza del arrabal en una plaza cortesana.

En 1632, con la reforma del Cuarto Real que había junto al Monasterio de los Jerónimos, el arquitecto Alonso de Carbonell inició la construcción del palacio del Buen Retiro, un lujoso conjunto palaciego con jardines, seis ermitas, estanques y lagos, que se emplearía como lugar de retiro y descanso de los soberanos.

Se construirán también nuevos edificios institucionales como la Cárcel de Corte (1629-1636) y la Casa de la Villa, además de palacios como el del duque de Uceda, casas comunes de estilo madrileño y un gran número de edificios religiosos, sobre todo conventos.

Este periodo culmina en el año 1700 con la muerte de Carlos II sin sucesión y la instauración de la Casa de Borbón en el trono de España, aunque pagando el precio de una Guerra de Sucesión (1700-1713) que no sólo a afectó a los territorios hispanos, sino también al resto de las potencias europeas.

Estos acontecimientos coinciden con los momentos finales del barroco madrileño en las construcciones de la ciudad: palacio de Goyeneche (obra de Churriguera), ermita de la Virgen del Puerto, el definitivo Puente de Toledo, así como el palacio de la Torrecilla y el edificio del Hospicio de San Fernando, todos ellos realizados.

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